Cuando un
mosquito infectado que lleva el
virus del dengue, pica a una persona, el virus
entra en la piel junto con la saliva del mosquito. El virus se une y entra en
los
macrófagos, donde se reproduce mientras los macrófagos viajan
por todo el cuerpo. Los macrófagos responden produciendo proteínas de
señalización e inflamación para activar al
sistema inmune, como
citoquinas e
interferon, los cuales van a ser
responsables de los síntomas, como la fiebre, los dolores y los demás
síntomas gripales. Como vemos, el virus no es directamente el agente lesivo, sino que
los síntomas son debidos a la respuesta inmune del organismo. En las formas
graves, la producción del virus en el interior del
organismo es enorme, y otros
órganos pueden verse afectados, como el
hígado o la
médula ósea. Normalmente, las formas graves aparecen cuando
existe una segunda exposición a un serotipo diferente del dengue del de la
primera exposición. De esta manera, el sistema inmune está sensibilizado y
responde de una forma más agresiva, generando peores síntomas. Además, en estas
formas graves se suele producir una disfunción endotelial, responsable de las
hemorragias.